En su diario de viaje, el naturalista inglés Charles Darwin anota un encuentro con indígenas de Cucao, quienes se lamentaban diciendo: "Nosotros somos muy pobres, no valemos nada, pero no era así cuando teníamos un rey". Esta frase ilustra la sensación de abandono que históricamente ha existido en Chiloé, con respecto al Estado Chileno y que hasta hoy se respira en el aire de la isla grande.
El martes recién pasado en una manifestación que se realizó con el objetivo de protestar por la postergación de Chiloé, el alcalde de Castro, Nelson Águila, levantó polvo al portar la bandera española como símbolo de protesta por las recientes marginaciones y la no adjudicación de un casino para la isla. Además, en ese entonces sólo probable, postergación del puente sobre el canal de Chacao.
Lo que a primera vista puede parecer fuera de lugar y que ha sido tildado de ridículo y torpe por algunos parlamentarios tiene una raíz histórica.
Los chilotes fueron los que arriaron la última bandera española en Sudamérica y esta resistencia española se peleó con sangre por la causa del rey hasta que en 1826 se anexó definitivamente al territorio chileno.
La resistencia española en Chiloé fue ampliamente apoyada por los chilotes, los que llegaron incluso a tildar a los chilenos como "los rebeldes de Chile" que se sublevaron contra el gobierno español, y los chilenos, por su parte, llamaron a los habitantes de Chiloé, "chilotes" de forma despectiva, pues antiguamente el gentilicio era chiloano o chilhuense. Agregando el "te" subrayaron su desprecio por su fidelidad a la corona.
Chiloé exótico
Según el historiador Dante Montiel, director del departamento de Cultura de la Municipalidad de Castro y apasionado conocedor de la historia de la isla, los chilenos castigan a Chiloé por causa de la actitud política por la que optaron los chilotes en el tiempo de la independencia, y eso se prolonga hasta hoy.
"Hay una actitud marginal con Chiloé, hay una actitud colonialista de parte de los continentales. Existe un comportamiento especial que se ha ido generando por décadas, de mirar a Chiloé como algo marginal, como algo más distante. Hay una visión exótica de Chiloé, no hay un compromiso real de la sociedad. Está la cosa taquilla de vamos y lo pasamos el descueve, pero cuando llega el momento de hacer alguna cosa, nadie hace nada".
Por ignorancia o porque la historia de Chile se nos enseñó de forma homogénea a todos los chilenos, muchas veces se pasa por alto que los procesos no fueron los mismos para todos<
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