Recuerdos de una vida
Luis Humberto Galindo pasa revista a tanto acontecimiento que ha vivido en el vecindario que lo vió nacer. Las casas, cuenta, "fueron entregadas por ahí por el año 48 o 50". Pero su vecino "Chito" Ojeda, dice que ya estaban acá a principios de los 40. "Lo que pasa es que después se las dieron a los propietarios definitivos". Son amigos de toda una vida y comparten el apodo sin problemas. En el juego de la memoria no hay vencedores ni vencidos.
En la Piloto Pardo todo parece que sigue igual década tras década, según dicen quienes allí viven. Se conserva el viejo muro de cemento que fue restaurado después del terremoto de 1960. También el orgullo de ser uno de los barrios más antiguos de la ciudad.
"Somos como una sola familia, un solo barrio", expresa con todo sentimiento el vecino "Chito" Galindo. Evoca ese tiempo en que los hombres se iban por tres o cuatro meses a la Patagonia, a la faena de la esquila. "Existían las comparsas y los capataces, que reunían a la gente para las faenas".
Y mientras los mayores se hacían de unos pesos en las estancias, esquilando a tijerón, aquí los más chicos defendían los colores de su sector en las disputadas "pichangas" contra Pedro Montt. No había juego limpio, era ganar o ganar. "A veces terminaban en guerra de piedras, cuenta Chito Galindo".
Para mayo de 1960 habían formado un equipo con amigos de calle San Martín. Estaban disputando un puesto en el estadio de Castro, en el campeonato de los barrios, cuando sobrevino la catástrofe del terremoto. Relata que "no sabíamos para donde arrancar, la tierra se abría y se volvía a cerrar, todo se caía. Aquí en el barrio las casas se mantuvieron, pero el muro se vino abajo".
claudio velasquez martinez